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Por: Basilio Belliard

Las fabulaciones de tres fabuladores

Por: Basilio Belliard

La literatura se alimenta de la realidad y la nutre de fantasías y de sueños. La fantasía como radiografía de la realidad en la que se entrecruzan leyendas, mitos y sueños son algunos de los recursos que participan del tejido narrativo de la obra Fabulario de las sombras (Realidad, sueño y fantasía) de los jóvenes autores Amado Alexis Chalas, José Cepeda y Ana Brígida Gómez, todos nacidos en 1978.

Este Fabulario está teñido por la magia y el erotismo, los mitos y las leyendas exóticas que configuran un entramado de sombras y voces que pueblan el imaginario de sus autores. Las alegorías que postulan en sus fabulaciones tienden un hilo narrativo en toda la maza textual. Son historias que tienen el tinte de la melancolía y el exotismo de estirpe romántico o, en ocasiones, sus figuraciones apuntan a convertirse en relatos profanos con un aire clásico. Hay en ellos un afán de clasicidad que se mezcla con una búsqueda de fantasía o del sueño goyesco o, para expresarlo con palabras de León Félix Batista: “de combinatoria narrativa de individuos, de una hidra entre los tres, envuelta bajo el manto enigmático de las mentes y las almas cuando evaden la vigilia”.

Relatos alucinantes que recrean un mundo de una atmósfera encantada, que semejan relatos encantados, universos embrujados o cuentos de hadas poblados de princesas y dioses como aparecen en los dos largos relatos de Ana Gómez, titulados Fantasías (Leyendas para un mundo triste). Estos dos textos de Gómez pretenden recrear un mundo preadánico, de un raro tono exótico que nos remiten a una búsqueda de los orígenes del mundo y de las civilizaciones antiguas. Pero también un mundo apocalíptico encarnado en la presencia de mitos infernales y leyendas reinventadas. De ahí que aparezcan lugares y personajes como: Airor-Dna, AeGortsa el mago Soroitna, el gigante Jotun, Nanshe Dumuzi, El príncipe Ur-Nungal, En-Huwawa, Ki, el  Toro de las tempestades, Castillo Celeste, El Corazón, Cyan, Omar, la Princesa Innana, Kug-Baba, Dinaba, Enlil, etc. En el relato ¿Quién rescatará a la princesa? Una fantasía sumeria, la autora parte del epígrafe de La saga de Gilgamesh, esa hermosa épica de la tradición sumeria, para recrear una atmósfera ancestral con sus mitos, símbolos y caracteres.

En Amado Alexis Chalas, en sus Historias de la abuela, el cuento policíaco entra en contrapunto con los recursos extra textuales, donde los fragmentos de puestas en abismo funcionan como intrahistoria de la acción narrativa. De igual modo, el monólogo interior actúa como telón de fondo del drama de lo contado. Las reflexiones permean las descripciones y los diálogos indirectos de una manera obsesiva. Así, la poesía le aporta al relato un decorado lírico y un brillo en las ideas que hacen de este narrador un contador de pesadillas y de sueños, en los que la realidad germina de las entrañas de la fabulación. Los tres relatos de Chalas navegan entre el crimen perfecto, la fabula del mundo y el diálogo de la eternidad.

En cambio, en José Cepeda, en Radiografía del ayer, asistimos a la presencia de un mundo onírico de pesadillas, neurosis y psicosis de los personajes que también se desenvuelven en un aura fantástica, en la tradición borgeana, como en el breve relato La noche de Pedro Pablo. En Cepeda está presente el minirrelato, la minificción y el relato onírico de factura surrealista. Sus diez y seis textos funcionan con un entramado que recuerdan a los textos románticos como en Sueño de un sueño. La maestría en el manejo de la técnica del relato se observa en La danza nupcial, un texto que nos recuerda el ensayo sobre la vida de las abejas del Nobel belga Maurice Maeterlink. En Cepeda, la realidad y el sueño, lo sagrado y lo profano, lo popular y lo culto, lo espiritual y lo ideal, se entrecruzan y matrimonian en una suerte de claves simbólicas. Cepeda sorprende por el equilibrio entre la reflexión intelectual y la imaginación fantástica. Las pesadillas de la vida despierta y el insomnio de la vigilia dialogan en una especie de rito de lo narrado. Las garras del texto La noche de Pedro Pablo y el acertijo de su trama narrativa apuntan hacia un dominio de las claves del relato breve de corte fantástico. Cepeda logra en sus composiciones narrativas, lo que Poe llamó “la unidad de efecto o impresión”, en su texto titulado Hawthorne y la teoría del efecto en el cuento.

Entre estos tres jóvenes narradores hay varios hilos visibles, juegos de sombras, rastros de escrituras, obsesiones sagradas y profanas, pasiones históricas y fantasías compartidas que unifican la trinidad realidad, sueño y fantasía, en una misma fabulación. Los ecos románticos y las reverberaciones surreales funcionan como intersticios de la acción narrativa que nos evocan a Chateaubriand, Victor Hugo, a las novelas de aventura de Pierre Loti y a ciertas zonas líricas y meditativas de Proust, por sus elucubraciones psicológicas y sus fantasías delirantes.

Ritual de los sentidos, olvido de la razón, memoria de los sentidos, estos textos provienen más del sueño que de la realidad, más del inconsciente que de la conciencia real. Los personajes y los ambientes parecen proceder menos de la razón que de la emoción.   Narradores en tiempos de fantasía. Realidad, sueño y fantasía. Este texto está hecho de sombras; son “sombras de obras”, como diría Paz; pero también, son sombras dantescas, donde el paraíso, el purgatorio y el infierno adoptan categoría estética. Estos relatos destilan un aliento religioso, romántico y profano. Los simbolistas, los parnasianos y los surrealistas reflejan sus luces y sus sombras en un imaginario fantástico. Arquitectura de símbolos, geografía de la pasión, gramática del sentimiento, esta obra busca la inserción de lo clásico en una órbita de modernidad. Chalas, Cepeda y Gómez conforman una trilogía de narradores, cuyo destino común habrá de definirse en un panorama generacional cada vez más arraigado en un mundo más desolado, individual y múltiple a la vez.

Estos tres nuevos narradores se insertan dentro de la tradición del relato psico-fantástico en el país, sumado a nombres como Virgilio Díaz Grullón, René Rodríguez Soriano, Pedro Peix, Eugenio Camacho, César Zapata, Luís Martín Gómez, Luís Martín Polanco, Aquiles Julián, Julio Adames o aquellos autores de narraciones truculentas con influencias de Borges, Cortázar o Poe.

Pocas veces habíamos tenido la conjunción a tres voces de tres narradores que unifican el criterio de edición en una obra de creación. Sus voces brotan de unas palabras imantadas por el brillo de la descripción y la estética de la historia contada, donde lo psicológico se matrimonia con el mito y la ficción con las ideas.

Búsqueda de la hermosura y de la desmesura de la palabra a través de la poesía, en Amado Chalas, por ejemplo, la estética del crimen y la muerte, apunta hacia una transfiguración de la historia: el tiempo de la historia entra en crisis con el tiempo del relato. En los tres se percibe el afán por la descripción exótica y la apelación al horror, a la fantasía y a un esteticismo desbordante.

Buen inicio para estos jóvenes autores de estas fabulaciones, que son ya patrimonio de la ficción literaria de las letras dominicanas, pues en ellos tenemos el talento creador, la vocación de estilo y el repertorio verbal, tan caros para la empresa literaria de un escritor.

 

 

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